Religión
Escrito por RuanoRosa Jueves, 23 de Diciembre de 2010 00:00
Antes de nada, he de dejar claro que no tengo nada en contra de la Navidad, quiero decir, de la fiesta en sí; comer, beber, pasar tiempo con los familiares y amigos...todo esto me parece fantástico, ¿quién no encuentra deseable algo así?. Si hablamos del sentido "profundo" de la Navidad, o de ese otro más vano y comercial que nos invade desde hace años, mi gusto decrece al tiempo que el disgusto hace lo opuesto. Pero no quiero hablar aquí de esta inevitable sociedad de consumo que habitamos, en la que cualquier sentimiento, gusto o afición es susceptible de convertirse en mercadería. Me atrae mucho más la idea de profundizar en el mito, y exponer un par de ideas para poner en entredicho no sólo el fondo, sino también la forma de una festividad que fue adherida al corpus católico en un gran movimiento sincrético sin otro fin que el de obtener fieles a la causa.

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Remontándonos al pasado
La Navidad como la conocemos, parece provenir de una antigua costumbre Babilónica, o incluso de pueblos orientales más antiguos que éste. La noche del 24 al 25 de diciembre es un punto de inflexión a partir del cual los días comienzan a ser más largos, por lo que esta fecha fue la elegida por multitud de dioses de la antigüedad para su renacimiento (Mitra, Horus, Tamuz).
Si nos remontamos a Babilonia, como apunto en el párrafo anterior, encontramos una interesante leyenda, que mirada con un poco de detenimiento presenta unos paralelismos sorprendentes con nuestra Navidad. Nimrod, Semiramis y Tamúz son tres personajes de leyenda, que de existir, debieron haber vivido en torno a 1000 o 1500 años antes de la venida de Jesús. Nimrod, llamado primer rey de la humanidad, era considerado un dios. Tras su muerte, su esposa Semiramis quedó embarazada. Ella aseguraba que la concepción había sido realizada por mediación de su difunto marido; su hijo había sido concebido así de una forma sobrenatural: él era la semilla prometida, el "salvador del mundo". El niño que iba a ver la luz no era más que el mismo Nimrod, reencarnado en su vientre para renacer. El nombre que recibió ese niño fue Tamúz, y fue conocido como el niño dios, o hijo de Dios. Éste vino al mundo un 25 de diciembre. Desde ese punto los tres fueron venerados como dioses pues la substancia divina los había tocado (vemos aquí una evidente relación a la Santísima Trinidad).
De un portal en Belén
Como hemos visto, la tradición babilónica ya incorporaba determinadas ideas que se perpetuaron en la cristiana. Si afrontamos la llegada de Jesús, dejando al margen si éste existió o no realmente, podemos comprobar que los evangelios nos hablan de un nacimiento humilde (punto diferenciador y novedoso con respecto a la tradición babilónica), pero de una concepción sobrenatural y de la elevación a los altares del hijo de dios, aunque ésta se produjera con posterioridad y siguiendo otros caminos. La fecha exacta del nacimiento de Jesús no queda clara, pero de ningún modo fue en diciembre. Varios autores aseguran con rotundidad que éste debió producirse en meses más cálido, pues los pastores que se acercaron a adorar al niño pernoctaron a la intemperie con sus rebaños, algo de todo punto imposible en los fríos inviernos de la zona.
Cuando la religión católica fue institucionalizada por el imperio romano, adaptaron su Saturnalia (festividad en honor a Saturno, Dios de la agricultura, que se celebraba el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz, o nacimiento del Sol Invictus, 25 de diciembre, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio) a la natividad de Cristo.
Portal vs. Árbol
La natividad de Cristo comenzó a celebrarse el siglo cuarto bajo el mandato del emperador romano Constantino I. Cuando éste se convirtió al cristianismo instauró esta nueva festividad como nexo de unión de todos los cristianos y como herramienta de evangelización. No es la primera vez que la iglesia católica toma decisiones de este tipo con el fin de adherir almas a su causa. Podríamos hablar sobre el origen de la Virgen María remontándonos hasta la Isis egipcia, y en la conveniencia de desarrollar una figura de culto a la madre tierra para "contentar" a los nuevos devotos procedentes de religiones animistas.
En cualquier caso esta celebración se centraba sobre todo en la epifanía de la revelación de Jesús al mundo pagano, no tanto del nacimiento en sí.
No comenzaron a usarse figuras para la representación del nacimiento hasta el siglo XIII, a pesar de estar prohibido expresamente por Dios en el Antiguo Testamento (Deuteronomio 5).
La opinión común de los especialistas de la arqueología cristiana ha sido que la primitiva Iglesia se mostró reacia a las imágenes, que no fueron incorporadas hasta aproximadamente el siglo IV o V. Esto se debe de nuevo a un movimiento por parte de la Iglesia Católica para hacer más cercana su religión y continuar anexionando adeptos. Aunque esta maniobra no se inicia precisamente con la representación del Belén, es en éste donde se alcanza uno de los hitos en esta materia.
Durante el siglo XVI se inicia la reforma protestante en Europa. Algunos autores tiene la creencia de que es en este periodo, concretamente en Alemania, cuna del protestantismo luterano, cuando surge (o resurge, ahora vemos por qué) el árbol como símbolo de la Navidad. Los protestantes no son muy amigos del uso de imágenes para su veneración, pues retoman en cierto modo algunas de las creencias ancestrales de los primero cristianos. Así que optan por tradiciones atávicas más ligadas al objeto de veneración en sí.
En la antigua Babilonia se festejaba el renacimiento de Tamúz (o se veneraba a Semiramis) colgando adornos y frutas sobre un árbol retoñado, símbolo del nuevo nacimiento. Parece evidente que la fuerte simbología y su probado uso pagano (no olvidemos que el cristianismo se fundamenta esencialmente en creencias paganas), hicieron de este símbolo el adecuado para la festividad que celebraba el nacimiento del salvador. Así se podría decir, contra aquellos que hablan de costumbre extraña, importada o de carácter anglosajón, en referencia al árbol de navidad, que posee más fundamentos para ser tildado de "auténtico", que el añejo y en ocasiones ridículo portal de belén.
Esto sólo es una muestra más de la sinrazón sincrética que la iglesia trata de hacer pasar como palabra divina.
En resumidas cuentas podemos quedarnos con lo siguiente:
- La navidad proviene de una fiesta pagana muy anterior al nacimiento del Cristianismo.
- Su celebración el día 25 de diciembre no responde a criterios puramente doctrinales.
- El uso del belén se populariza en el siglo XIII.
- El árbol de Navidad proviene de una tradición más antigua, que entronca directamente con la celebración en sí y con sus orígenes.
- La Iglesia Católica fundamenta sus doctrinas en la mistificación de elementos de culto paganos sin otro fin que la propia expansión de la misma.
Fuentes:


