Religión
Escrito por RuanoRosa Miércoles, 05 de Enero de 2011 00:00

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El nuevo testamento, en el primero de sus libros, el de Mateo, nos dice:
Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del Rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Mateo 2,1-2, versión Reina-Valera 1960
Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Mateo 2,11, versión Reina-Valera 1960Poco más se sabe de la historia de estos magos venidos de oriente, todo lo demás o son suposiciones, o vino por añadidura. El evangelista nada dice de que sean reyes, ni de que sean tres, ni de cuáles eran sus nombres. De nuevo nos encontramos con una la iglesia que poco a poco, siglo tras siglo, va dando forma a una leyenda a partir de un bosquejo mínimo, ínfimo diría yo. Deberíamos comenzar por el principio de la historia, aquel que nos muestra a estos "sabios" como astrónomos seguidores de la silueta de la "estrella" anunciadora de la llegada del Mesías.
En los últimos años se ha recuperado una teoría elaborada por Johannes Kepler que el 17 de diciembre de 1603, desde el castillo de Praga del emperador Rodolfo II de Habsburgo, observaba la conjunción entre Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Éste, atando cabos, y haciendo gala de su incuestionable fe y de su enorme talento, realizó los cálculos pertinentes y dio por sentado que algo parecido debió suceder varios siglos antes, allá por la actual Palestina, que recogió la llegada del Salvador. Kepler fecha el evento en el año 7 antes de Cristo.
La teoría está recogida por varios escritores y periodistas que encuentran la confirmación del echo; alguno llega a afirmar:
Como en tantas otras ocasiones, el análisis de los datos proporcionados por las Escrituras puede constituir un enigma pero su resolución no deriva de negar tajantemente aquellos sino de averiguar la manera en que encajan -generalmente, de manera prodigiosa- en la historia. Como decía el título de una conocida obra de Werner Keller, al final, lo que suele descubrirse es que “la Biblia tenía razón”.
Según esta afirmación, infiero que lo que hay que hacer no es buscar pruebas que demuestren o no un hecho, sino partiendo del hecho, adecuarlo a las pruebas. Veamos por qué lo digo.
Supongamos que siete años antes del nacimiento de Jesús unos sabios orientales, sacerdotes persas de Mitra, habitantes de la actual Irán, observan el firmamento y quedan perplejos ante lo que ellos creen una señal. Antes diré que una conjunción planetaria no es, ni de lejos, el evento luminoso y prodigioso que tenemos en nuestra mente. Deciden, supongo tras hablarlo, seguir la estrella que relumbra en el cielo. Primera contradicción, una conjunción planetaria no aparece, vista desde la tierra como un objeto móvil, por lo que seguirla sería imposible, o más bien, inútil. Los textos sagrados dicen:
Mat 2:9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.
Es decir, la estrella se mueve delante de los magos e indica la posición de la venida del niño. Así, con un razonamiento sencillo y simple queda rebatida la idea de la conjunción de Kepler. Se podría argüir, llegados a este punto, que el texto de Mateo es metafórico, y que los magos no siguieron “realmente” a la estrella. Esto, que podría salvar el escollo, sería, bajo mi humilde punto de vista, un error de proporciones bíblicas (nunca mejor dicho), pues abriría una puerta para el descrédito de un hecho en teoría claro, el nacimiento de Jesús bajo un signo celestial, como era habitual de los grandes hombres de la antigüedad.
Otro argumento para desacreditar el seguimiento de los magos de cualquier evento acaecido en el firmamento es la distancia recorrida por estos. ¿Qué evento estelar real puede durar el tiempo suficiente para que los señores magos lo detecten, lo comprendan, dialoguen, se decidan, preparen el viaje y recorran los más de 2000 kilómetros que separa un punto del otro (a camello) por las inhóspitas tierras de oriente medio del siglo I antes de Cristo? Yo no soy astrónomo, pero a mí me salen más días de la cuenta.
Aun aceptando todo lo anteriormente dicho, y suponiendo real la existencia de los magos, siguen existiendo muchas más sombras que luces en el asunto. Hay autores que hablan de 24 magos, otros de 12, incluso de 2. Nadie se pone de acuerdo con respecto al número, que fue establecido en el siglo V por el papa León I el Magno. Los nombres no aparecen hasta algunos años después, en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). Como vemos tacita a tacita, construyendo un mito sin otro fin que el de asentar creencias y el de crear opinión.
Como ya comenté en el post dedicado a la Navidad, y por analogía, esto parece más una argucia propagandística que un hecho auténtico acaecido y narrado con fidelidad. Se pretende así hacer pasar por conversos a pueblos que practicaban otra religión, y que pese a ello, enviaron destacados emisarios ( a los que se tilda de reyes con posterioridad para acentuar el hecho, o para dotar de relevancia la palabra mago que comenzaba a estar mal vista) para adorar al Mesías de la nueva religión emergente. Para ello Mateo hubo de inventar una estrella que guía a los enviados (¿cómo si no se enteran los buenos hombres del destacado acontecimiento?) hasta las puertas del pesebre de Belén.
No han faltado mentes “preclaras” que siguiendo también los textos al pie de la letra, y buscando una justificación que les fuera propicia y no una coherente con los hecho “reales” y conocidos, han querido ver incluso ovnis en la estrella guía. Un ovni paciente que se desplazaría por el cielo a ritmo de camello durante varias semanas e indicaría mediante un foco, o una flecha luminosa, váyase usted a saber, la ubicación de un ser, que otros han querido creer extraterrestre. De locos.

Algo menos barbado y posiblemente buscando un nuevo empleo. froodmat / photocase.com
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