Ayer viernes, a los 87 años de edad, falleció José Saramago en su casa de Lanzarote. Con él se va el último (o casi) de los grandes de la literatura contemporánea.
Una de sus muchas y lúcidas sentencias:
“Escribo para desasosegar, para no dejar que la gente se duerma y decirles que lo malo está ahí esperando”
Se despedirá mirándo al Atlántico.
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