El porqué de la risa

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El llanto es la primera señal que emitimos al nacer. A todos nos resulta más o menos evidente por qué lloramos. Cuando el ser humano es aún joven llora para lanzar una llamada de aviso a sus progenitores. Lloramos si nos caemos, o si nos duele algo, o si nos sentimos amenazados... y con ello buscamos protección. No nos resulta tan evidente por qué reímos, o más concretamente, para qué lo hacemos, con que fin. Una explicación exclusivamente biológica (sin tener en cuenta factores psicológicos o sociales) entre varias posibles, es la que sigue.

La risa no aparece hasta el tercer o cuarto mes de vida, y si la miramos con detenimiento, podemos comprobar que sus similitudes con el llanto son más que evidentes. En ambas expresiones los músculos de la cara se contraen, la boca se abre, el rostro se enrojece y se produce lagrimeo (en los casos de risa intensa). Esta aparición coincide con un hecho concreto: el reconocimiento por parte del niño del rostro de los padres. Cuando empieza a distinguir a su propia madre, el joven comienza también a tener miedo de otros adultos, de aquellos que no conoce. En ese instante, la madre (o el padre, básicamente el progenitor que más tiempo pase con el niño) se convierte en la protectora “con rostro”; hasta entonces el niño recibe atenciones y protección pero no es capaz de identificar a su benefactor. Desde ese momento el niño queda fijado en la madre. Como resultado de ese proceso de fijación, el niño puede encontrarse situado en un extraño conflicto. Si la madre hace algo que lo asusta, le da dos señales opuestas. Por un lado le dice: «Soy tu madre, no tienes nada que temer.» Y por otro: «Mira, aquí hay algo que da miedo.» El resultado es que el niño da una respuesta que es, en parte, reacción de llanto, y, en parte, murmullo de reconocimiento de la madre. Es decir, la risa. La risa del niño viene a decir: «Reconozco que el peligro no es real», así la madre (o el padre) puede manejar al niño (o jugar) con más vigor sin que este llore. Poco a poco la risa se convierte en señal de juego o diversión.

El ser humano es básicamente un primate que no termina nunca de madurar por completo, esto hace que esté siempre tratando de conocer sus límites, con la risa obtiene alivio cuando se enfrenta a diferentes situaciones.

Fuente: El mono desnudo, de Desmond Morris.

 

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