El Libro Mudo - Ciencia

El mensaje de Arecibo

Ciencia - Física

El 16 de noviembre de 1974 (un día ya lejano del que recientemente se han cumplido 36 años), el radiotelescopio de Arecibo, para conmemorar su remodelación,  lanzó a las estrellas un peculiar mensaje de radio. El mensaje en cuestión tenía 1679 bits, y fue dirigido a un cúmulo estelar llamado M13 que se encuentra a 25.000 años luz.

El mensaje en cuestión tiene información sobre nuestro sistema solar (concretamente sobre su ubicación), sobre nuestro planeta y sobre nosotros. La representación gráfica del mismo queda como podéis ver al comienzo de la anotación. Los colores se han puesto a posteriori para identificar más fácilmente las diferentes partes del mismo; el mensaje original no los posee.

El mensaje fue diseñado por Carl Sagan y Francis Drake (Director del Observatorio de Arecibo) y consta de 73 filas y de 23 columnas.

Dada la enorme distancia que nos separa de su destino, y que para que la comunicación sea efectiva deberíamos recibir una respuesta, se estima que, de haber vida en el cúmulo estelar M13, podríamos tener la confirmación en torno al año 51.974 d. C. ¿Quién se queda para verlo?

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Dios ha muerto

Ciencia - Física

El físico, cosmólogo y divulgador científico Stephen Hawking, ha lanzado al aire, como viene siendo frecuente en él últimamente, una afirmación según la cual Dios no creó el Universo. El universo puede crearse de la nada, no hay lugar para Dios en las teorías sobre la creación del Universo, dice el profesor Hawking.

Él había sostenido previamente que la creencia en un creador no era incompatible con la ciencia. Ahora, en su nuevo libro, The Grand Design, concluye que el Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física.

Algunas frases lapidarias del señor Hawking:

La creación espontánea es la razón de que existamos".

No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y darle inicio al Universo", concluye el científico.".

Si descubrimos una teoría completa, sería el último triunfo de la razón humana, porque entonces conoceríamos la mente de Dios".

El libro fue co-escrito por el físico Mlodinow Leonard y se publicó el pasado 9 de septiembre.

Mi opinión personal no puede estar más en consonancia con la del señor Stephen Hawking. Aun sin conocer mucho del tema (mis lecturas se circunscriben a unos pocos volúmenes), algo me decía que la dirección a tomar era justamente ésta. Habrá gente que piense que sólo la prepotencia puede parir ideas así, que la mente humana trata de categorizar y llamar al orden aquello que desconoce, que el tiempo podría aportar evidencias de la existencia del Divino. Es posible; todo esto podría ser una nefasta salida de tono, pero me gustaría constatar que se está dando explicación (o tratando de hacerlo) a una inquietud antigua del hombre, que justamente usó la figura de dios para tapar el enorme agujero que el desconocimiento había generado y no al revés.

Hasta el siglo XVI se pensaba que la sangre estaba estancada en el cuerpo, que éramos como enormes botellas con forma antropoide. Hubo de venir Servet a sacarnos del error, pero claro, al principio su teoría fue acogida con todo el escepticismo disponible por la gente de la época. Ahora sabemos que el buen hombre tenía razón. Está claro que el conocimiento de Dios es una tarea mucho más difícil, pero el ejemplo me vale para aclarar lo que trato de exponer. Cuando comenzamos a mirar al cielo y tuvimos capacidad para preguntarnos por aquello que veíamos, la física cuántica hubiera resultado mucho más irreal e insólita que la figura de Dios. Así que a falta de otra cosa lo usamos a Él. Recordad que su cometido primigenio era explicar nuestro origen.

Ahora Hawking nos brinda una explicación, pero tan arraigada está la idea en nuestro ser, que ya no podemos desprendernos de ella. Tal vez un día Dios no sea mas que una leyenda, como los famosos elefantes que sostenían la tierra cuando se tenía la firme creencia que la superficie de la misma era plana.

Dim lights


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Las caras de la luna

Ciencia - Física

Hace un par de fines de semana estuve realizando unas fotografías a la luna desde la casa de campo de una amiga. Hoy contemplaba una de ellas y me preguntaba por qué vemos siempre la misma cara del astro. Recuerdo que alguna vez supe la explicación, pero la había olvidado, como la mayoría de las cosas que alguna vez aprendí sobre astronomía. Hay muchas páginas que lo explican, pero todas parecen cacarear lo que han leído en otros sitios, y al final, la cosa no queda del todo clara: si el que redacta el artículo no termina de entender lo que redacta, difícilmente lo puede hacer comprender a los demás.

Imagen: Juan Ruano

A bote pronto, sé que muchos de los que leéis este post pensaréis que la luna carece de movimiento de rotación sobre su eje, probablemente debido a la fuerza que la tierra ejerce sobre ésta, y que por eso la cara que muestra es siempre la misma. Pues no, la luna rota sobre un eje imaginario que la atraviesa como todo buen hijo de vecino. Lo que sucede es que su movimiento de rotación se produce a la misma velocidad que el de traslación alrededor de la tierra. Al estar estos sincronizados, siempre nos muestra la misma cara, de hecho, si no rotase sobre sí misma nos mostraría ambos lados alternativamente.

Imagen: Javi Merino

Para aquél que siga pensando que aunque la velocidad de rotación sea la misma la cara oculta de la luna debería verse, le propongo que lo mire desde otra óptica. Se me ha ocurrido que descomponiendo el movimiento de la luna con respecto a la tierra sería más fácil verlo. Voy a tratar de explicarlo, pero si queréis verlo fácilmente, tomad dos objetos cualesquiera. Poned uno al lado del otro; uno hará el papel de la luna y otro el de la tierra. Como hemos dicho, la luna realiza un movimiento de rotación sobre su eje, y otro de traslación en torno a la tierra (realmente el centro de traslación no está exactamente sobre la tierra sino un poco alejado de ésta, pero para nuestra explicación eso no nos interesa). Podemos descomponer ese movimiento conjunto en dos separados, es decir, cuando la luna haya dado un cuarto de vuelta en torno a su eje, habrá hecho lo propio en torno a la tierra. Bien pues colocando el objeto que representa la luna justo delante vuestra, y el que representa la tierra en el mismo plano, algo más bajo y perpendicular a éste, rotadla un cuarto en el sentido inverso a las agujas del reloj. Si previamente habéis hecho una marca al objeto-luna en el lado que apunta al objeto-tierra veréis que ahora, tras girar un cuarto, esa marca apunta a la derecha. Ahora debemos completar el movimiento (recuerda que sólo hemos realizado el de rotación). Si rotáis un cuarto el objeto-luna en torno al objeto-tierra en el mismo sentido que el movimiento anterior, podréis comprobar que ahora la marca sí apunta a la tierra. Esto lo podríamos haber hecho en un movimiento conjunto de rotación y traslación, pero es más difícil sincronizar ambos y no se ve tan claro. Si repetimos el paso anterior veremos que el resultado continúa siendo el mismo.

Esto demuestra claramente por qué siempre vemos la misma cara de la luna.

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La canción del púlsar

Ciencia - Física

Si una enana blanca se colapsa (esto sucede cuando su masa supera un cierto límite), da lugar a una estrella de neutrones. Cuando una estrella de neutrones emite radiación periódica, se la denomina púlsar. Los púlsares tienen un intenso campo electromagnético que los hace girar a velocidades de vértigo; por ejemplo, el Púlsar del Cangrejo (que se encuentra en el centro de la nebulosa del mismo nombre) gira 30 veces por segundo. Su forma es la de una esfera casi perfecta, y su diámetro, a diferencia de otros objetos estelares, es sólo de unos 25 kilómetros. En el pequeño volumen que genera se concentra la masa de varios soles.

En su giro barre la tierra con unos haces de radiación que pueden ser captados por radiotelescopios. Cuando en julio de 1967 Jocelyn Bell y Antony Hewish detectaron estas señales de radio de corta duración y extremadamente regulares, pensaron que podrían haber establecido contacto con una civilización extraterrestre. Más tarde se dieron cuenta de que había más focos en diferentes frecuencias. Hoy en día se conocen más de 600 púlsares con diferentes velocidades de rotación. El más famoso de ellos es el PSR B0531+21, también llamado del cangrejo.

Así suena un púlsar:

Dim lights

Recientemente se ha descubierto un nuevo púlsar con los ordenadores de algunos de los cientos de miles de voluntarios que ceden sus equipos dentro del proyecto de colaboración  ‘Einstein@Home’ (leer más)

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El martillo y la pluma

Ciencia - Física

M e encontraba no hace mucho con alguien que, durante una conversación, refería dudas (no de manera explícita) a cerca de la gravedad y de cómo esta afecta a los cuerpos en caída libre. Me costó trabajo convencer a esta persona de que dos cuerpos que cayeran en ausencia de rozamiento, aun con pesos muy distintos, alcanzarían a la vez la superficie sobre la que hubieran sido dejados caer. Primero pensé lo difícil que habría sido para Galileo a finales de 1500 convencer a sus coetáneos de la veracidad de sus experimentos, si ya a mí, con las bases más que sentadas y los hechos demostrados hasta la saciedad, me estaba costando dios y ayuda hacer que la razón se impusiera.

Después, meditando sobre el tema colegí, que si bien vivimos en el mundo de la información también lo hacemos en el del olvido: las cosas pasan a segundo plano con demasiada facilidad y rapidez. Esto se enseña en la escuela, sí, pero la sobrecarga informativa (supongo) nos obliga a ir dejando atrás datos que, en principio, no son relevantes para nuestro día a día. En fin, fuere como fuere, me di una vuelta por un librito en el que recordaba haber leído un nombre y un experimento posterior que dejaba el caso fuera de toda duda. ¿Cómo es esto posible? ¿Dónde se podría haber realizado el experimento de la caída libre en ausencia de rozamiento? Pues sí, en la luna, y lo mejor de todo: existe un vídeo que lo demuestra.

Dim lights

En el vídeo, David Scott deja caer un martillo y una pluma simultáneamente. Aunque la calidad mo es muy buena por razones obvias, creo que se aprecia bastante claramente que ambos objetos llegan a la misma vez a su destino.

David Randolph Scott es un astronauta retirado de la NASA, que comandó la nave estelar Apolo 15 en un vuelo tripulado a la luna. Él es uno de los doce privilegiados que la han pisado, y en su estancia realizó el experimento que se muestra en el vídeo. Como podéis ver, esto cumple dos funciones: primero reafirma los experimentos realizados por Galileo, que demostraban que todos los cuerpos, en condiciones de rozamiento cero, caen con la misma velocidad. La segunda, despeja dudas sobre la absurda creencia de que el hombre nunca ha pisado la luna.

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